martes, 6 de marzo de 2018

de hobbies y otros temas

De hobbies y otros temas
Buscando motivaciones para no caer en la rutina, tratando de ser creativa,
mantener mi entusiasmo e ilusiòn en mis dìas es que decidì enfocarme
en aquellas cosas que me agradan, porque significan momentos placenteros,

las llamo hobbies.
El principal para mì es la cocina, disfruto elaborando recetas, puès me dà
la oportunidad de volar y soñadora como soy las imagino y les doy alas.
Por cierto muchas de ellas han ido a parar al cesto de basura, por distintos
motivos, pero, volvemos nuevamente a intentar, asì de cargosas somos
con los hobbies.
La lectura y la escritura no las considero un hobbie en mi caso, tàl vèz de 
haberlo considerado hubiera puesto empeño en ello.
Nùnca es tarde para hacer aquello que nos produce placer.
El hobbie nos aleja por momentos de las cosas rutinarìas, de aquello que
es impuesto, nos abre la imaginaciòn y jugamos, algo que muchas veces 
olvidamos por pensar que un momento de ocio es desperdiciar tiempo.
Aferrarnos a momentos para no morir en el intento por vivir.
mcd.










Un dìa que se creìa lùnes.

Saltò de la cama, aùn obnubilada por la resaca que depositò
la noche pasada, creyò que era lùnes y su alarma no habìa sonado.
Caminò tambaleàndose y logrò llegar hasta la cocina,no pensaba
aùn claramente, solo sentìa la imperiosa necesidad de un cafè,
bien negro, amargo y en un tazòn profundo.
De a poco fuè haciendo efecto su deseado cafè.
Que habìa pasado esa noche,que detalles se le perdieron, que
cosa importante habìa sucedido.
No logrò rescatar en imàgenes sus horas pasadas.
Observò que el calendario estaba en blanco, sin dìas, meses,años.
El ventanal semi abierto dejaba ver un hermoso dìa, fresco y soleado.
Querìa esbozar un sonido y no sabìa como era eso, solo le saliò una 
sonrisa y le gustò, lo intentò nuevamente y le agradò màs aùn.
La ducha ya estaba a punto y sonriendo se metiò en ella.
Su equipo deportivo le sentaba bien y con la misma sonrisa, sin recuerdos,
sin dìa, sin mes ni año, saliò a disfrutar de un dìa en blanco, fresco y soleado.
Sobresalìa, se diò cuenta, gestos adustos por doquier, no cabìa en 
su asombro, tanto dìa, tanto sol y no observaba una sonrisa, que pasaba?
A lo lejos algo brillaba y en su deseo por encontrar algo diferente corriò
a su encuentro, ambos corrieron a encontrarse y continuaron sonriendo.
Asì fuè la historia de un dìa que se creìa que era lùnes.
mcd.










domingo, 18 de febrero de 2018

Que harìas por mi?

Buscaba seguridad...y no entendìa que no exìste
Querìa ser ùnica y debìa creerlo yo...primero
Necesitaba ayuda...e indagaba  afuera.

Mi pasado me pedìa pisar sobre seguro
Ya sabìa de què iba eso...
Yo te amarìa...sin arriesgar
Yo lo harìa...solo si vislumbrara un destello
Yo necesitarìa amarte...si supiera de certezas
Ahora que harìas por mì?
mcd.







A veces

A veces le escribía y sabía que no podía expresar aún cuanto
sentía por ella.
A veces esperaba que notara, en sus intentos de expresarse
que era necesaria su presencia, que urgía amarla,
Solo a veces abría una pequeña puerta para dejarla entrar.
Era de "a veces". Era él.
No pensó que en sus "a veces"estaban todas las frases
que ella leía?

Y fuè que ella entendiò que èl, solo necesitaba que
lo amaran...
El miedo a descubrir mundos nuevos...pudo con èl.
mcd.

martes, 13 de febrero de 2018

Al llegar la calma.

Al llegar la calma luego de la tempestad 
es preciso tener una mirada clara para 
distinguir aquello que depositó (como 
en el lecho del río),la correntada. 
Lo frágil,lo desechable,se une al lodo,lo 
duro,lo indestructible sigue intacto,se destaca sobre lo demas.  
Tal véz  sea necesario pulir,limpiar algun 
rastro no deseado,pero la esencia estará 
intacta. 
No vale la experiência,cada tormenta es 
diferente y la correntada nos lleva y nos 
deposita a la espera de la calma...y la 
calma llega. 
Ahí en ese preciso momento es cuando 
nuestro sentido común nos hace ver 
cuan indestructibles podemos llegar 
a ser. mcd.

viernes, 2 de febrero de 2018

Y què?

Y què de esos lugares donde ya no queda nadie?
ni tàn solo un te quiero se recuerda.
Y què si aprendièramos a despedirnos de esos lugares?
Y què si nos acercamos al vacio y nos atrevemos a saltar?
Y què nos podrìa pasar?





jueves, 1 de febrero de 2018

EL OTRO YO, un cuento de Mario Benedetti

A veces cambiar demasiado para satisfacciòn de otros

no es lo aconsejable y si llega el punto en que no me 

reconocen?

Hay instantes en que noto que mi "otro yo" anda muy pensativo

con ganas de no sè que.

Por ahora seguir mirando con los ojos de mi "otro yo"

mcd.

EL OTRO YO, un cuento de Mario Benedetti (Uruguay, 1920-2009)

Se trataba de un muchacho corriente: en los pantalones se le formaban rodilleras, leía historietas, hacía ruido cuando comía, se metía los dedos a la nariz, roncaba en la siesta, se llamaba Armando Corriente en todo menos en una cosa: tenía Otro Yo.
El Otro Yo usaba cierta poesía en la mirada, se enamoraba de las actrices, mentía cautelosamente , se emocionaba en los atardeceres. Al muchacho le preocupaba mucho su Otro Yo y le hacía sentirse incómodo frente a sus amigos. Por otra parte el Otro Yo era melancólico, y debido a ello, Armando no podía ser tan vulgar como era su deseo.
Una tarde Armando llegó cansado del trabajo, se quitó los zapatos, movió lentamente los dedos de los pies y encendió la radio. En la radio estaba Mozart, pero el muchacho se durmió. Cuando despertó el Otro Yo lloraba con desconsuelo. En el primer momento, el muchacho no supo que hacer, pero después se rehizo e insultó concienzudamente al Otro Yo. Este no dijo nada, pero a la mañana siguiente se había suicidado.Al principio la muerte del Otro Yo fue un rudo golpe para el pobre Armando, pero enseguida pensó que ahora sí podría ser enteramente vulgar. Ese pensamiento lo reconfortó.Sólo llevaba cinco días de luto, cuando salió la calle con el propósito de lucir su nueva y completa vulgaridad. Desde lejos vio que se acercaban sus amigos. Eso le lleno de felicidad e inmediatamente estalló en risotadas . Sin embargo, cuando pasaron junto a él, ellos no notaron su presencia. Para peor de males, el muchacho alcanzó a escuchar que comentaban: “Pobre Armando. Y pensar que parecía tan fuerte y saludable”.
El muchacho no tuvo más remedio que dejar de reír y, al mismo tiempo, sintió a la altura del esternón un ahogo que se parecía bastante a la nostalgia. Pero no pudo sentir auténtica melancolía, porque toda la melancolía se la había llevado el Otro Yo.